
Sacerdocio
Crónicas de Equinore
EKASHI
HABILIDADES: Mientras tengan a quien servir, la magia de un ekashi apenas tiene límites, pues es su deber cumplir todos y cada uno de los deseos que se le planteen. Poseen poder creador, destructivo y transformador para usar como consideren oportuno para satisfacer al amo.
También en caso de vínculo, tienen total libertad para manipular su forma física y hacer cambios pequeños en el entorno inmediato. Además, un pacto les garantiza la juventud eterna hasta que se los libere de dicha carga, momento en el que seguirán envejeciendo normalmente desde el punto en el que dejaron de hacerlo.
PUNTOS DÉBILES: Su naturaleza está condicionada al dominio de alguien más. Un ekashi por libre puede ser un verdadero peligro para sí mismo. Con un hechizo sencillo se les puede contener en un recipiente hecho de hierro o plomo.
DIOS PATRÓN: Jandar.

Hay quien dice que el primer ekashi nació siendo un hechicero común, cuyo potencial iba a la par con su ambición y arrogancia. Sus habilidades eran sin duda asombrosas, destacadas entre todos aquellos que nacían con el don de la magia, pero él siempre deseaba más y más. Hasta que determinó su meta última: quería ser un dios. El más grande de todos, por encima de todas las deidades. Un rey de dioses.
Como era de esperar, a los dioses no les hicieron ninguna gracia sus pretensiones. Y, como la voz de la calma en el panteón, Belssa halló una solución pacífica: contuvieron el inmenso poder del hechicero en una lámpara de aceite , quedando él a merced de quien la tuviera en su poder. Para evitar que pudiera quedar libre, Agafe escondió la lámpara en el volcán más profundo de Areyxo. Hay quien dice que el hechicero sigue allí, esperando a que alguien lo bastante necio lo saque de su encierro para cobrar venganza…
Leyendas aparte, se sabe que los ekashi nacen con la llamada “marca del siervo”, una mancha oscura en forma de círculo. Incluso si consiguen ocultar dicha marca de los ávidos de poder, esta raza posee otro impedimento, y es que dar rienda suelta a su propia magia puede costarles muy caro.
Por cada hechizo que realizan sin las directrices de un amo, pierden uno de sus recuerdos. Si son encantamientos pequeños no resulta un problema, pues olvidarán cosas como el desayuno de la mañana o el nombre de aquel simpático extraño con el que podrían haber entablado amistad. Pero los hay quienes se arriesgan hasta el límite. Se sabe de varios ekashi que, adictos a los encantamientos sin restricción, han llegado a olvidar su propia identidad.

Ahora bien, si disponen de alguien que guíe sus manos milagrosas, la cosa cambia. No es muy difícil convertir a un ekashi en el más leal de los sirvientes. Basta con encontrar un recipiente adecuado y acercárselo mientras se entona lo siguiente: “Sé humo, ekashi. La Marca arde en la piel del siervo.” Alrededor de sus muñecas aparecerán entonces dos grilletes encantados. Una vez hecho esto, no importa cuáles o cuántas sean las peticiones del amo, pues el ekashi se verá obligado a cumplirlas (si bien cada deseo implica el pago de un precio equivalente a pagar por su poseedor). Además, un pacto le otorga al ekashi mayor libertad para hacer magia, se vuelve capaz de variar a placer su cuerpo. Si desean transformarse en un ave, un lince, una ráfaga de viento, un elfo de ojos rasgados*... Pueden hacerlo.
Es posible liberar a un ekashi de su encierro: basta con que el dueño de su recipiente lo desee. Ahora bien, toda magia tiene un precio. Y la libertad de una de estas criaturas bien merece la muerte de su amo.

CURIOSIDADES:
La magia de los ekashi no es ilimitada. Hay ciertas cosas que no pueden realizar, ya sea por cuenta propia o bajo las órdenes de un amo:
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Un ekashi no puede manipular la libre voluntad ajena.
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En cuanto a los deseos que tienen que ver con el tiempo, un ekashi solo puede alterar los eventos hasta tres horas anteriores a la formulación de dicho deseo. También pueden visualizar imágenes, pasadas o presentes o futuras, de vez en cuando. Nada de viajes al pasado.
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No puede alterar tampoco las fuerzas de la vida y la muerte. No puede matar a nadie, ni tampoco resucitar a los difuntos.
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El amo debe ser lo más específico posible con su deseo. La magia de un ekashi tiende a completar los vacíos de la manera más inesperada, y no suele acabar bien.
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No puede cumplir ninguna petición que esté relacionada con otros ekashi (como ligarlos a algún objeto, o deshacer directamente uno de sus deseos).
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Una vez están dentro del recipiente, los ekashi disponen de un universo propio. Dado que la magia que realizan allí no afecta al exterior, son libres de dar rienda suelta a sus poderes a placer.
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Para que un ekashi cambie de amo, tan solo hace falta que su recipiente cambie de manos. Por ello, los amos han de ser cuidadosos con estos.